Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —Ocúpese de sus malditos asuntos. Yo soy quien dirige este safari —replicó Gault.
—No me importa qué safari dirija. No va a insultar a estos hombres.
Gault hizo ademán de pegarle. Burton detuvo el golpe, y al instante siguiente Gault fue arrojado al suelo con un izquierdazo en la mandĂbula. Era la tercera pelea de Burton desde que se habĂa unido al safari. Tres puñetazos; tres enemigos.
—Lo siento, Ramsgate —dijo Burton más tarde—. Al parecer, estoy teniendo problemas con todo el mundo.
—Ha hecho lo correcto —aprobó Ramsgate.
—Me temo que ahora se ha ganado un auténtico enemigo, Cecil —dijo lady Barbara—. Tengo entendido que Gault tiene muy mala reputación.
—Un enemigo más ya no me importa. Mañana estaremos en Bangali.
Charlaron unos minutos más y luego se desearon buenas noches y se fueron cada uno a su tienda. Burton estaba contento. SabĂa que nunca habĂa estado tan feliz en su vida. Al dĂa siguiente verĂa a su padre. Al dĂa siguiente cumplirĂa su misiĂłn; y estaba enamorado. Una serena quietud se apoderĂł del campamento, en el que hacĂa guardia un askari adormilado. De muy lejos llegĂł el rugido de un leĂłn que iba de caza, y el hombre arrojĂł más leña al fuego.