Tarzán y los náufragos

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Capítulo VI La llegada de Tarzán

Fue justo antes del amanecer, y hacía mucho frío. El askari de guardia estaba todavía más adormilado que el hombre al que había relevado. Debido al frío, se sentó muy cerca del fuego con la espalda apoyada en un tronco, y sentado allí se quedó dormido.

Cuando despertó, se quedó tan perplejo y desconcertado por lo que vieron sus ojos que por un momento fue incapaz de reaccionar. Se quedó allí sentado, con los ojos como platos, mirando a un hombre blanco semidesnudo que estaba sentado en cuclillas cerca de él, calentándose las manos ante el fuego. ¿De dónde había salido aquella aparición? No estaba allí un momento antes. El askari pensó que quizás estaba soñando. Pero no. El visitante era demasiado real, de un físico inmenso.

Los labios del extraño se separaron.

—¿De quién es este safari? —preguntó en swahili.

El askari logrĂł que le saliera la voz.

—¿Quién eres? ¿De dónde has salido? —De pronto sus ojos se abrieron todavía más y se quedó boquiabierto—. Si eres un demonio —dijo—, te traeré comida, si no nos haces daño.

—Soy Tarzán —dijo el extranjero—. ¿De quién es este safari?


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