Tarzán y los náufragos

Tarzán y los náufragos

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CapĂ­tulo IV

Tarzán sabía que algo había ocurrido a bordo del barco, pero no sabía qué. Vio a un marinero chino colgado por los pulgares y cómo era azotado. Durante dos días no vio ni a la muchacha ni al joven primero de a bordo, y ahora no le alimentaban con regularidad ni le suministraban agua. Vio que el segundo de a bordo, que le había escupido, estaba al mando del barco; y por lo tanto, aunque no lo sabía, dedujo lo que había sucedido. De vez en cuando Abdullah Abu Néjm pasaba junto a su jaula, pero sin molestarle; y Tarzán sabía por qué: el árabe le temía, aunque estuviera encerrado en una jaula de hierro. No siempre estaría en una jaula: Tarzán lo sabía y Abdullah Abu Néjm lo temía.

Ahora, los lascares haraganeaban de un lado a otro por el barco y los chinos hacían casi todo el trabajo. Schmidt les había puesto esposas y les daba patadas a la más mínima provocación o aunque no hubiera ninguna. Tarzán había visto que al hombre al que habían colgado por los pulgares y azotado lo habían bajado al cabo de una hora y se lo habían llevado al castillo de proa. La crueldad del castigo le repugnó, pero, por supuesto, no sabía que el hombre se lo merecía.


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