Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos La bala que habĂa alcanzado a Tarzán solo le habĂa rozado la cabeza, infligiĂ©ndole una herida superficial y dejándole aturdido unos minutos; pero pronto se recuperĂł y ahora Ă©l y Janette Laon observaban a los prisioneros mientras se acercaban al SaigĂłn.
—Schmidt se ha vuelto pirata —observó la muchacha—. ¡Me pregunto qué hará con toda esa gente! Por lo menos son quince.
No tuvo que esperar mucho para obtener respuesta a su pregunta. Schmidt hizo adelantar a los ocho miembros de la tripulaciĂłn cuando accedieron a ayudar a tripular el SaigĂłn; despuĂ©s hizo que izaran otras dos jaulas de hierro a cubierta y las alineĂł junto a las que ya estaban allĂ.
—Ahora —dijo—, sĂ© que no deberĂa hacerlo, pero os voy a dejar elegir a vuestros compañeros de jaula.
—¡Carámbanos! —exclamó Algernon Wright-Smith—; ¡no pretenderá meter a las mujeres en una de esas cosas!
—Lo que es bueno para un cerdo inglés, es bueno para una puerca inglesa —gruñó Schmidt—; daos prisa y decidid qué queréis hacer.
Un hombre mayor con bigote de foca se quejĂł airado, y su rostro enrojecido se volviĂł de color pĂşrpura.
