Tarzán y los náufragos

Tarzán y los náufragos

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Según su propia declaración, miss Leigh fue tragada por las olas tres veces.

—A partir de ahora, William —dijo—, deberías conformarte con The Times, las campañas de Napoleón y la Roma de Gibbons; en el momento en que lees alguna otra cosa pierdes la cabeza. Si no hubieras leído esa Aventura del Arcturus de ese tal Beebe, sin duda en estos momentos estaríamos en casa, en Inglaterra, sanos y salvos. Solo porque él pescó un montón de espantosas criaturas equipadas con luces eléctricas, tú tenías que venir y probarlo; simplemente, no puedo entenderlo, William.

—No seas demasiado dura con el tío —intercedió Patricia—; podría haber encontrado algunos con agua del grifo fría y caliente y hacerse famoso.

—¡Bah! —resopló miss Leigh.

Aquel día nadie se acercó a las jaulas, y tampoco les dieron agua ni comida a los cautivos. Bajo la cubierta, los animales se encontraban en la misma situación, y sus quejas se elevaban y se oían por encima de la tormenta. Hasta bien entrada la tarde del tercer día no les llevaron comida, dos marineros chinos, y para entonces los cautivos estaban tan hambrientos que la engulleron con avidez, a pesar de que solo se trataba de una masa fría y revenida de galletas.


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