Tarzán y los náufragos

Tarzán y los náufragos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

De pronto el barco se balanceó, ladeándose, y cayó en la depresión, escorando sobre las cabezas de los baos. Se oyó un grito de terror cuando un relámpago reveló que el coronel y su esposa habían sido arrojados pesadamente contra los barrotes de su jaula.

—¡Pobre tía Penelope! —exclamó la muchacha inglesa—. No soportará esto mucho más. —Fue al otro lado de la jaula junto a su tía—. ¿Te has hecho daño, tita? —preguntó.

—Me he roto todos los huesos del cuerpo —respondió miss Leigh—. Nunca aprobé esa boba expedición. A quién le importa saber qué es lo que vive en el fondo del océano; bueno, nunca habríamos conocido a ninguno de estos en Londres. Ahora hemos perdido el Naiad y de paso estamos a punto de perder nuestras vidas. Espero que tu tío esté satisfecho.

Patricia exhaló un suspiro de alivio, pues ahora sabía que su tía estaba bien. El coronel mantenía un discreto silencio; veinticinco años de experiencia le habían enseñado cuándo era mejor callar.

Pasó la larga noche, pero la tormenta no amainó. El Saigón aún navegaba delante de ella, reducida su velocidad a unos cinco nudos y recibiéndola por la popa. Una ola ocasional rompió en la popa, inundando las cubiertas, y casi sumergió a los que estaban encerrados en las jaulas, que solo podían agarrarse a los barrotes y esperar que no ocurriera lo peor.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker