Tarzán y los náufragos

Tarzán y los náufragos

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Capítulo VIII

Asoka, el lascar, pasó con arrogancia por delante de la jaula de los Leigh, y cuando estuvo delante de la de los ingleses, unos dedos de acero se cerraron en torno a su garganta por detrás, y su arma le fue rápidamente arrebatada de la pistolera.

Janette Laon había observado con asombro la aparente facilidad con la que aquellos músculos hercúleos habían separado los barrotes. Tarzán había cogido desprevenido al lascar y le había desarmado; y entonces ella salió por la abertura detrás de él, con las pistolas que habían cogido a Schmidt y a Jabu Sing.

Asoka forcejeó e intentó gritar, hasta que una voz torva le susurró al oído:

—Calla o te mataré. —Entonces se sometió.

Tarzán miró atrás y vio a Janette Laon detrás de él. Luego cogió la llave de las jaulas, que colgaban del cuello de Asoka en un cordel, y se la entregó a la muchacha.

—Ven conmigo y ábreles —dijo, y rodeó la última jaula hasta las puertas, que estaban en el otro lado.

—Vosotros, los hombres, venid conmigo —dijo Tarzán en un susurro—; el coronel y las mujeres se quedarán aquí.


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