Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Tarzán asintió y luego se volvió a los hombres que estaban a sus espaldas; entregó la pistola de Asoka a De Groote. Había estado examinando al otro hombre desde que habían subido a bordo, y ahora le dijo a Janette que le diera su segunda pistola a Tibbet, el segundo de a bordo del Naiad.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó.
—Tibbet —respondió el oficial.
—Tú vendrás conmigo. Nos haremos con el mando en el puente. De Groote conoce el barco. Él y los demás buscarán armas. Entretanto, coge cualquier cosa con la que puedas pelear, porque es posible que haya lucha.
El barco había atravesado el centro de la tormenta, y el viento aullaba con renovada violencia. El Saigón subía y bajaba violentamente mientras Tarzán y Tibbet ascendían por la escalerilla que conducía al puente, donde el lascar, Chand, se encontraba al timón y Schmidt hacía guardia. Dio la casualidad de que Schmidt se volvió precisamente cuando Tarzán entraba, y al verle hizo ademán de coger su pistola y al mismo tiempo avisó a gritos a Chand. Tarzán dio un salto hacia delante, veloz como Ara, el rayo, y golpeó la mano de Schmidt en el preciso momento en que este apretaba el gatillo. La bala se alojó en el techo, y un instante después Schmidt estaba desarmado. Entretanto, Tibbet había cubierto a Chand y le había desarmado.