Tarzán y los náufragos

Tarzán y los náufragos

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Cuando Tarzán llegó al otro lado de la jaula de los Leigh, miss Leigh, que había estado dormitando durante el balanceo provocado por la tormenta, despertó y le vio. Lanzó un gritito y exclamó:

—¡El hombre salvaje se ha escapado!

—Cállate, Penelope —gruñó el coronel—; va a sacarnos de esta maldita jaula.

—No te atrevas a maldecirme, William Cecil Hugh Percival Leigh —replicó Penelope.

—Silencio —gruñó Tarzán, y Penelope Leigh se quedó en silencio, aterrada.

—Pueden salir —dijo Tarzán—, pero quédense cerca de las jaulas hasta que regresemos.

Entonces siguió a Janette a la jaula en la que estaban encerrados De Groote y Krause y esperó a que hubiera quitado el candado.

—De Groote puede salir —dijo Tarzán—; Krause se quedará. Asoka, tú entra aquí. —Se volvió a Janette—. Cierra con llave —dijo—. Dame una de las pistolas y quédate la otra; si alguno de estos dos intenta dar la voz de alarma, dispárale. ¿Crees que podrás hacerlo?

—Disparé a Jabu Sing —le recordó ella.


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