Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —Si ningún barco ha llegado aquà en cuatrocientos años —dijo De Groote—, nuestras probabilidades realmente son excelentes, pues tiene que haber una primera vez que se conozca; y la ley de las probabilidades de que esta isla siga sin ser descubierta está a punto de extinguirse.
—Quiere decir que los estatutos de las prescripciones obrarán en nuestro favor —dijo Bolton riendo—. Bueno, espero que tenga razón.
Tarzán habĂa trabajado con los otros. HabĂan erigido conforta bles refugios para el coronel y su esposa y para las dos muchachas.
Entonces, Tarzán convocó a todo el grupo:
—Os he llamado a todos —dijo— para deciros que formaremos dos campamentos. No quiero tener a Abdullah, Krause, Schmidt, Oubanovitch o a los lascares en este campamento. Ellos son los causantes de todo el problema. Por su culpa somos náufragos en una isla desconocida, en la que, según el capitán Bolton, podemos tener que pasar el resto de nuestra vida. Si les permitimos que se queden en nuestro campamento, volverán a causar problemas; conozco el tipo de hombres que son. —Se volvió a Krause—. Te llevarás a tu grupo al norte, al menos a dos largas marchas, y ninguno de vosotros se acercará a menos de dieciséis kilómetros de este campamento. Al que lo haga, lo mataré. Eso es todo. Marchaos.