Una princesa de Marte
Una princesa de Marte 
Galanteo en Marte
Después de la batalla con las naves espaciales, la comunidad permaneció dentro de los límites de la ciudad durante varios días, postergando el regreso a casa hasta sentirse razonablemente seguros de que aquéllas no regresarían, ya que el hecho de ser atacados en un espacio abierto, con una caravana de carros y niños, estaba lejos, incluso, de los deseos de personas tan aficionadas a la guerra como los marcianos verdes.
Durante nuestro período de inactividad Tars Tarkas me había instruido en varias de las costumbres y artes de la guerra propias de los Tharkianos, sin omitir las lecciones de hipismo y conducción de las bestias que llevaban los guerreros. Estas criaturas, que son conocidas como doats, eran tan malignas y peligrosas como sus dueños, pero una vez domadas eran lo suficientemente tratables para los propósitos de los marcianos verdes. Había heredado dos de esos animales de los guerreros cuyas armas llevaba, y en poco tiempo los pude dominar bastante, tanto como los guerreros nativos. El método no era en absoluto complicado. Si los doats no respondían con suficiente celeridad a las instrucciones telepáticas de sus jinetes, se les asestaba un terrible golpe entre las orejas con la culata de una pistola; y si oponían pelea, se seguía con ese tratamiento hasta que las bestias eran domadas o arrojaban de la montura a sus jinetes.
