Una princesa de Marte
Una princesa de Marte 
Una lucha a muerte
Mi primer impulso fue el de declararle mi amor, pero enseguida pensé en su estado de impotencia, en que sólo yo podÃa aliviar el peso de su cautiverio y protegerla, con lo poco que tenÃa, contra los miles de enemigos hereditarios que deberÃa enfrentar cuando llegáramos a Thark. No podÃa arriesgarme a provocarle un nuevo dolor o pesadumbre declarándole un amor que con toda seguridad ella no corresponderÃa. De ser yo tan indiscreto, su situación serÃa todavÃa más insostenible que en ese momento. El pensamiento de que ella pudiera creer que yo me aprovechaba de su debilidad para influir sobre su decisión, fue el último argumento que selló mis labios.
—¿Por qué estás tan callada, Dejah Thoris? —pregunté—. Posiblemente prefieras regresar con Sola a tus habitaciones.
—No —musitó—. Soy feliz aquÃ. No sé por qué, John Carter, siempre que estás conmigo, aunque eres un extraño, estoy feliz y contenta. En esos momentos me parece que estoy a salvo y que, contigo regresaré pronto a la corte de mi padre y sentiré sus fuertes brazos estrecharme y las lágrimas y besos de mi madre en mi mejilla.
