Una princesa de Marte
Una princesa de Marte 
La historia de Sola
Cuando volvĂ en mà —pronto supe que no habĂa estado desvanecido más que un momento—, saltĂ© rápidamente en busca de mi espada. AllĂ la encontrĂ©, hundida hasta la empuñadura en el pecho verde de Zad, quien yacĂa muerto como una roca sobre el musgo ocre del antiguo lecho del mar. Cuando recobrĂ© el sentido por completo, me di cuenta que su arma me traspasaba la parte izquierda del pecho, pero solamente a travĂ©s de la carne y los mĂşsculos que recubren las costillas, pues habĂa penetrado cerca del centro de mi pecho y salĂa por debajo del hombro. Al embestir sobre Ă©l me habĂa vuelto y de ese modo su espada sĂłlo pasĂł debajo de mis mĂşsculos causándome dolor pero no una herida peligrosa.
