Una princesa de Marte
Una princesa de Marte 
El combate en la arena
Lentamente recobré mi compostura y por fin, volví a intentar retirar las llaves del cadáver de mi antiguo carcelero. Pero cuando busqué en la oscuridad para localizarlo, descubrí con horror que había desaparecido. Entonces la verdad se me apareció como un relámpago: los dueños de esos ojos brillantes habían arrastrado mi premio lejos de mí para devorarlo en su guarida cercana. De ese modo habían estado esperando durante días, semanas y meses, toda esa horrible eternidad de mi encarcelamiento, para arrastrar mi propio cadáver y darse un festín.
Durante dos días no me trajeron comida, pero luego apareció un nuevo guardián y mi encarcelamiento siguió como antes. Sin embargo, no volví a permitir que mi razón se trastornara, a pesar de mi horrible situación.
Poco después de este episodio trajeron a otro prisionero y lo encadenaron cerca de mí. A la tenue luz de la antorcha vi que era un marciano rojo. Apenas pude esperar que se fuera el carcelero para entablar conversación. Cuando sus pasos dejaron de oírse saludé suavemente al marciano con una palabra de recibimiento: «koar».
—¿Quién eres, tú que hablas en la oscuridad? —me contestó.
