Una princesa de Marte
Una princesa de Marte Nunca relaté esta historia, ni ningún mortal verá este manuscrito hasta que yo haya pasado a la eternidad. Sé que ninguna mente humana puede creer lo que no le es posible comprobar, de modo que no es mi intención ser vilipendiado por la prensa, ni por el clero, ni por el público, ni ser considerado un embustero colosal cuando lo que estoy haciendo no es más que contar aquellas verdades que un día corroborará la ciencia.
Posiblemente las experiencias que recogí en Marte y los conocimientos que pueda exponer en esta crónica lleguen a ser útiles para la futura comprensión de los misterios que rodean nuestro planeta hermano. Misterios que aún subsisten para el lector, aunque ya no más para mí.
Mi nombre es John Carter, pero soy más conocido como Capitán Jack Carter, de Virginia. Al finalizar la Guerra Civil era dueño de varios cientos de miles de dólares en dinero confederado sin valor y del rango de Capitán de un ejército de caballería que ya no existía. Era empleado de un Estado que se había desvanecido junto con las esperanzas del Sur. Sin amos ni dinero y sin más razones por las que ejercer el único medio de subsistencia que conocía, que era combatir, decidí abrirme camino hacia el Sudoeste y rehacer, buscando oro, la fortuna que había perdido.
