Una princesa de Marte
Una princesa de Marte 
Woola
Sola fijó sus ojos en los de mirada malvada de la bestia, susurró una o dos órdenes, me señaló y abandonó el recinto. No podía menos que preguntarme qué podría hacer esa monstruosidad de apariencia feroz cuando la dejaron sola tan cerca de un manjar tan tierno. Pero mis temores eran infundados, ya que la bestia, después de inspeccionarme atentamente un momento, cruzó la habitación hacia la única puerta que conducía a la calle y se echó atravesada en el umbral.
