Una princesa de Marte
Una princesa de Marte 
Una lucha en la que gano amigos
Este ser, que se asemejaba más a nuestra raza humana que a los marcianos que había visto hasta ahora, me mantenía contra el suelo con uno de sus inmensos pies, mientras charlaba y gesticulaba con su interlocutor que estaba detrás de mí. Esa otra criatura, que parecía ser su compañero, no tardó en acercársenos con un inmenso garrote de piedra con el que evidentemente pretendía romperme la cabeza.
Las criaturas tenían entre tres y cinco metros de alto. Se paraban muy erguidas y al igual que los marcianos tenían un juego intermedio de brazos o piernas entre sus miembros superiores e inferiores. Sus ojos estaban muy juntos y no eran sobresalientes, y sus orejas estaban implantadas en la parte alta de la cabeza, pero más al costado que las de los marcianos, mientras que el hocico y los dientes eran sorprendentemente semejantes a los de los gorilas africanos. En conjunto no desmerecían tanto, comparados con los marcianos verdes.
