Vida del emperador Carlomagno
Vida del emperador Carlomagno Pero la magnanimidad del rey y su perpetua constancia, tanto en circunstancias adversas como favorables, no podía ser vencida por la mutabilidad de sus enemigos, ni apartada de lo que había comenzado. Pues nunca permitió que quedaran impunes cuando perpetraban una acción de tal tipo, castigando su perfidia ya poniéndose él mismo al frente del ejército, ya enviándolo con sus condes, e imponiéndoles una pena digna, hasta que, abatidos por completo y a su merced todos los que solían resistirle, trasladó a diez mil hombres de los que habitaban ambas orillas del Elba con sus mujeres e hijos y distribuyó a los deportados aquí y allí en Galia y Germania, en pequeños grupos; y se sabe que la guerra, así arrastrada durante tantos años, se terminó con la condición, propuesta por el rey y aceptada por los enemigos, de que tras abjurar del culto de los demonios y abandonar las ceremonias patrias, adoptaran la fe cristiana y sus sacramentos, y unidos con los francos formaran con ellos un solo pueblo.