El Hermano Jacob
El Hermano Jacob Edward Freely era el nombre que brillaba en letras doradas sobre fondo azul mazarino, encima de la puerta de la nueva tienda, un nombre de ecos generosos[8] que podría haber pertenecido al protagonista poco previsor y dadivoso de una vieja comedia, feliz de descargar una lluvia de peladillas, como si fuera un nuevo maná, entre la joven generación plantada delante de los escaparates. Pero el señor Freely era un hombre que mantenía sus impulsos debidamente subordinados: sostenía que el deseo de dulces y pasteles sólo debía satisfacerse en proporción directa a la capacidad de compra. Si el más chiquitín de todo Grimworth hubiera acudido a él con medio penique en su diminuto puño, tras hacer sonar la moneda se habría limitado a darle la parte equivalente en azúcar cande. No era hombre que engañara al más pequeño: lo decía con frecuencia, sin dejar de señalar al mismo tiempo que le gustaba la honradez y, además, que tenía el corazón muy tierno, aunque él no mostrara los sentimientos, como otros hacían.