El Hermano Jacob
El Hermano Jacob Y era cierto que, cuando el negocio lo permitía, el señor Freely pensaba mucho en Penny. Pensaba que su belleza se podía comparar con los dulces más bonitos; le parecía una muchacha de carácter sumiso, dispuesta a atenderlo como si fuera una negra y a guardar un silencio aterrorizado cuando el hígado lo volviera irritable; y consideraba que la familia Palfrey era casi la mejor de la parroquia con hijas casaderas. En conjunto, la consideraba digna de convertirse en la señora de Edward Freely, especialmente porque sería necesario aplicar cierto ingenio para conseguirla. El señor Palfrey era capaz de azotar con el látigo a un pretendiente a la mano de su hija demasiado osado; y, además, tenía tres hijos altos: estaba claro que un pretendiente se encontraría en desventaja con semejante familia, a menos que los viajes y una perspicacia natural le hubieran proporcionado ingenio suficiente para compensar. Y lo primero que se le ocurrió al respecto fue que el señor Palfrey pondría menos objeciones si supiera que la familia Freely estaba muy por encima de la suya. Se había comportado con tonta modestia al ocultar hasta el momento que una rama de los Freely poseía una casa solariega en Yorkshire y al encerrar el retrato de su tío abuelo, el almirante, en lugar de colgarlo ahí donde debían estar los retratos de familia: sobre la chimenea, en el salón. Cuando el almirante Freely, Caballero de la Orden del Baño, ocupó el lugar destacado que le correspondía, se vio que sólo tenía un brazo y un ojo, en lo que se asemejaba al heroico Nelson, mientras que unos rasgos pálidos e insignificantes confirmaban la relación entre él y su sobrino nieto.