El Hermano Jacob
El Hermano Jacob A partir de ese momento, el señor Freely estuvo seguro de su éxito: al encontrarse en privado con un hombre lo bastante mayor para ser su padre, y puesto que estaba solo en el mundo, fue natural que le abriera su corazón sobre temas que no podía mencionar ante cualquiera, en especial, todo lo relacionado con las esperanzas que tenía puestas en su tío de Jamaica, que no tenía hijos, y que quería a su sobrino Edward más que a nadie en este mundo, aunque se había sentido tan herido cuando éste salió de Jamaica que lo amenazó con no darle ni un chelín. Sin embargo, desde entonces le había escrito para manifestarle su total perdón y, aunque era un caballero anciano y excéntrico e incapaz de dar ningún dinero en vida, Edward Freely podía enseñarle al señor Palfrey la carta que demostraba con total claridad quién sería el heredero del afectuoso tío. El señor Palfrey llegó a ver la carta y no pudo dejar de admirar el espíritu de un sobrino que declaraba que aquellas esperanzas tan brillantes no suponían para él ningún cambio de conducta; trabajaría en su humilde negocio y seguiría labrándose una modesta fortuna. Si algún día heredaba las propiedades de Jamaica, pues bienvenidas fueran. En realidad, no era sorprendente para un miembro de la familia Freely heredar una finca, teniendo en cuenta las tierras que había poseído en tiempos pasados… Mejor dicho, las que todavía poseía la rama de Northumberland. ¿No quería tomar otro vasito de ron? ¿Y examinar el balance del año anterior? El señor Freely era un hombre preocupado por poseer virtudes personales y no deseaba vanagloriarse de su familia, tal como otros harían.