El Hermano Jacob
El Hermano Jacob Esta dificultad se imponía con cierta insistencia sobre David Faux, incluso cuando todavía era aprendiz. Su alma se henchía de la impaciente sensación de que debía llegar a ser alguien importante; de que, en su caso, se descartaba por completo la posibilidad de tener que aceptar un destino mezquino, tal como hacían otros hombres: desdeñaba la idea de resignarse a seguir en la media. Estaba convencido de que nada en él lo aproximaba al tipo medio: incluso una persona como la señora Tibbits, la lavandera, se daba cuenta, y probablemente prefería su ropa a la de los demás. En aquella época, se dedicaba a pesar galletitas de jengibre; pero aquella anomalía no podía continuar. Ninguna situación que no fuera agradable en grado sumo para la carne y halagadora para el espíritu podía ser buena para David Faux. Si le hubiera tocado en suerte vivir tiempos como los actuales y hubiera gozado de las ventajas de un Instituto de Mecánica[2], sin duda habría elegido la literatura y se habría dedicado a escribir reseñas; pero no había recibido una educación humanista. Había leído algunas novelas de la biblioteca de préstamo cercana, e incluso había comprado la historia de Inkle y Yarico[3] que le había hecho sentir mucha pena por el pobre señor Inkle; de manera que sus ideas tal vez no se desdijeran de una vocación literaria; pero su ortografía y su dicción eran excesivamente poco convencionales.
