El Hermano Jacob
El Hermano Jacob —Qué aire de familia tienen usted y el almirante, señor Freely —señaló la señora Palfrey, que contemplaba el retrato de familia por primera vez—. ¡Es maravilloso! Y es sólo un tÃo abuelo. ¿Se parece usted al resto de su familia, por lo que sabe?
—No podrÃa decÃrselo —contestó el señor Freely con un suspiro—. Gran parte de mi familia tiene una opinión demasiado elevada de sà misma para tenerme en cuenta.
En ese momento se oyó en la tienda un extraordinario alboroto, como si un pesado animal anduviera por ella bufando enfadado, y después se oyó cómo un frasco de cristal se hacÃa añicos mientras la voz del aprendiz gritaba «Patrón», muy asustada.
El señor Freely se puso de pie, inquieto y asombrado, y se apresuró a acudir a la tienda, seguido por los cuatro Palfrey, que se detuvieron en la puerta del salón, paralizados de asombro al ver a un hombre grande vestido con un blusón, con una horca en la mano, que corrÃa hacia el señor Freely gritando:
—¡Zavy, Zavy, mano Zavy!
Era Jacob y, durante un momento, David perdió la calma. Tuvo la sensación de que lo detenÃan por haber robado las guineas de su madre. Se quedó helado y tembló bajo el abrazo de su hermano.