El Hermano Jacob
El Hermano Jacob —Sentémonos todos y terminémonos el té —dijo el señor Freely—. Dejemos tranquila a esa pobre criatura.
Volvieron a entrar en el salón; pero Jacob no pareció apreciar la amabilidad de que lo dejaran solo, siguió inmediatamente a su hermano y se sentó a la mesa con la horca plantada en el suelo.
—Bien —dijo la señorita Letitia, poniéndose en pie—. No sé si quiere quedarse usted, madre; pero yo me iré a casa.
—Oh, yo también —dijo Penny, terriblemente asustada de Jacob, que habÃa empezado a mirarla moviendo la cabeza y sonriendo.
—Bueno, me parece que lo mejor será que nos vayamos, señor Palfrey —dijo la madre, levantándose más despacio.
El señor Freely, cuyo rostro habÃa amarilleado francamente durante la última media hora, no se opuso a la propuesta. Deseaba que volvieran a verse «en circunstancias más felices».
—Pues a mà me parece que ese hombre es su hermano —dijo Letitia cuando estaban todos de camino a casa.
—Letty, eso es muy desagradable por tu parte —dijo Penny, echándose a llorar.