El Hermano Jacob
El Hermano Jacob —Ajá —dijo el señor Freely sonriendo, plenamente dispuesto al asesinato: sólo le faltaba el valor. Deseó que los bollitos tuvieran arsénico.
—¿Ineas de madre? —preguntó Jacob, señalando una jarra de cristal con caramelos amarillos, situada junto al escaparate—. Dame.
David no osó hacer otra cosa que coger la jarra de cristal y darle un puñado a Jacob. Lo acogió en la bata, que extendió para que cupieran más.
«En todo caso, eso lo mantendrá tranquilo», pensó David, y vació el frasco. Jacob esbozó una amplia sonrisa e hizo una mueca de entusiasmo.
—Es usted muy bueno con este desconocido, señor Freely —dijo Letitia; y a continuación, cuando David se sumó al grupo situado en el salón, añadió con desprecio—: Me parece que no lo tratarÃa mejor si fuera su verdadero hermano.
—Siempre he pensado que era un deber ser bondadoso con los idiotas —dijo el señor Freely, esforzándose en tratar el asunto desde el punto de vista más moral—. Bien podrÃamos haber salido idiotas también nosotros, cualquiera podrÃa ser idiota, en lugar de poseer todos los sentidos.
—No sé de dónde sacarÃamos entonces comida para todos —señaló la señora Palfrey examinando la cuestión como un ama de casa.