El Hermano Jacob
El Hermano Jacob En aquel momento, el señor Freely volvió a entrar en la tienda sin el agente de policÃa. En las escasas yardas recorridas habÃa tenido tiempo y tranquilidad suficientes para adquirir una visión más amplia de las consecuencias, y se habÃa dado cuenta de que el que se llevaran a Jacob al asilo de pobres o al calabozo como si fuera un desconocido molesto podrÃa tener efectos desagradables si su familia se tomaba la molestia de ir a buscarlo. DebÃa resignarse a medidas más pacientes.
—Lo he pensado mejor —dijo, haciendo un gesto con la mano al señor Palfrey y susurrándole mientras Jacob les daba la espalda—: es un pobre tonto, quizá venga a buscarlo su familia. No me importa darle un poco de comer y dejar que pase la noche aquÃ. Se le ha metido en la cabeza que me conoce: los idiotas tienen fantasÃas de ésas. Quizá se vaya dentro de una hora o dos y no arme más alboroto. Yo soy un hombre bondadoso y no me gustarÃa que trataran mal a este infeliz.
—Caramba, si es capaz de comer por valor de un soberano en un santiamén —dijo el señor Palfrey, pensando que el señor Freely era de una generosidad excesiva.
—¿Eh, Zavi, vuelves? —exclamó Jacob, dando a su querido hermano otro abrazo, que aplastó al señor Freely contra el mango de la horca.