El Hermano Jacob
El Hermano Jacob Pronto resultó evidente que Jacob no dejarÃa a su hermano David más que a la fuerza. Aquél comprendÃa con la claridad del cerebro más inteligente que Jonathan lo devolvÃa a la leche desnatada, las masas de manzana, las habas y el cerdo. Y en la tienda de su hermano habÃa encontrado un paraÃso. Era cosa difÃcil emplear la fuerza contra Jacob, porque llevaba pesadas botas con clavos, y si le hubieran arrebatado la horca, habrÃa recurrido sin vacilar a las patadas. Sólo el recurso a la astucia para atarlo de pies y manos podÃa ponerlos a salvo.
—Que se quede —dijo David, con desesperada resignación, asustado ante todo por la idea de que se produjeran mayores disturbios en la tienda, lo que no harÃa más que llamar la atención sobre sà mismo—. Vete y mañana quizá pueda llevarlo conmigo a Gilsbrook. Me seguirá a toda prisa, imagino —añadió con un gemido contenido.
—Muy bien —dijo Jonathan ásperamente—. No veo por qué no te iba a dar a ti molestias y gastos, como a todos los demás. Pero ocúpate de traerlo pronto y sano y salvo, o madre no descansará.