El Hermano Jacob
El Hermano Jacob A los pocos meses, la tienda de la plaza quedó en alquiler y David Faux, alias Edward Freely, se había ido: nadie sabía qué rumbo había tomado. Así se puso freno a la desmoralización de las mujeres de Grimworth. La joven señora Steene renovó sus esfuerzos para confeccionar empanadas ligeras y, cuando al final consiguió preparar una hornada tan excelente que el señor Steene la miró con complacencia mientras se las comía, diciendo que eran las mejores que había probado en su vida, pensó menos en bulbules y renegados. En los pechos de las amas de casa matroniles resucitaron los secretos de la buena cocina, y las hijas volvieron a sentir deseos de que las iniciaran en ellos.
Imagino que alegrará saber al lector que las telas que la linda Penny había comprado para preparar su matrimonio con el señor Freely le resultaron tan útiles para la boda con el joven Towers como si hubieran estado destinadas expresamente a esta última ocasión. Porque la tez de Penny no se había alterado y el azul siempre sienta bien.
Aquí termina la historia de David Faux, pastelero, y de su hermano Jacob. Y en ella vemos, según creo, un admirable ejemplo de las formas inesperadas bajo las que la gran Némesis se esconde.