El molino de Floss
El molino de Floss Como de costumbre, las intenciones de Maggie iban más allá de lo que Tom había imaginado. La decisión que tomó después de que Tom y Lucy se alejaran no era tan sencilla como regresar a casa. ¡No! Se escaparía y se iría a vivir con los gitanos y Tom no volvería a verla nunca más. Esta idea no era nueva para Maggie: le habían dicho tantas veces que parecía una gitana y que, además, era «medio salvaj», que cuando estaba triste le parecía que la única manera de escapar al oprobio y sentirse en armonía con las circunstancias era viviendo bajo una carpa de color pardo en los terrenos comunales del municipio: creía que los gitanos la recibirían encantados y le tendrían mucho respeto por sus conocimientos superiores. En una ocasión mencionó esta idea ante Tom y le sugirió que se tiñera la cara de oscuro para huir juntos, pero Tom rechazó el proyecto con desprecio y le contestó que los gitanos eran ladrones, apenas tenían para comer y sólo poseían algún burro para desplazarse. Sin embargo, aquel día Maggie pensó que su infelicidad había alcanzado tal punto que los gitanos constituían su último refugio, y se levantó de las raíces del árbol donde estaba sentada con la sensación de estar viviendo una crisis; correría hasta llegar al terreno comunal de Dunlow, donde sin duda encontraría gitanos, y así aquel Tom tan cruel y el resto de parientes que tantos defectos le encontraban no tendrían que verla nunca más. Mientras corría pensó en su padre, pero se reconcilió con la idea de separarse de él decidiendo que le enviaría en secreto una carta mediante algún gitanillo que se escaparía corriendo sin decirle dónde estaba y se limitaría a comunicarle que se encontraba bien, era feliz y lo quería mucho.