El molino de Floss
El molino de Floss —¿Adónde va usté, señorita? —preguntó la gitana con tono zalamero.
A Maggie aquello le encantó porque era exactamente lo que esperaba: los gitanos se habÃan dado cuenta al instante de que era una señorita y estaban dispuestos a tratarla del modo adecuado.
—Aquà mismo —dijo Maggie, con la sensación de que decÃa lo que habÃa ensayado en un sueño—. Vengo a quedarme con vosotros si me dejáis.
—¡Qué gracia! Venga, pues. Vaya, qué señorita más linda —dijo la gitana, tomándola de la mano. A Maggie le pareció una mujer muy agradable, aunque le habrÃa gustado que no estuviera tan sucia.