El molino de Floss
El molino de Floss —SÃ, mi casa es linda y me gusta mucho el rÃo donde vamos a pescar, pero muchas veces soy muy desgraciada. M’habrÃa gustado traerme libros, pero me he escapado a toda prisa ¿sabes? Pero puedo contaros casi todo lo que sale en mis libros, porque los he leÃdo muchas veces, y eso os divertirá. Y también puedo contaros cosas de geografÃa, que son cosas sobre el mundo en que vivimos, que son muy útiles e interesantes. ¿Habéis oÃdo hablar de Colón?
Los ojos de Maggie empezaban a brillar y sus mejillas se ruborizaban: estaba comenzando a instruir a los gitanos y a tener influencia sobre ellos. Los gitanos la escuchaban asombrados, aunque su atención se dividÃa entre la niña y el contenido de su bolsito, que la amiga situada a la derecha le habÃa vaciado sin que ella se diera cuenta.
—¿Es allà ande vive usted, señorita? —preguntó la anciana cuando mencionó a Colón.
—¡Oh, no! —exclamó Maggie con cierta pena—. Colón fue un hombre muy importante que encontró medio mundo, lo encadenaron y lo trataron muy mal. Lo pone en mi catecismo de geografÃa, pero a lo mejor es una historia demasiado larga para contarla antes del té… Quiero merendar.
A Maggie se le escaparon estas palabras a pesar de su voluntad y asà pasó del tono didáctico y condescendiente al mero mal humor infantil.