El molino de Floss
El molino de Floss —¿Y si el señor Stelling lo sorprende mientras lo mete en la casa? —preguntó el señor Poulter, embolsándose provisionalmente la corona mientras planteaba esa nueva duda.
—Oh, los sábados por la tarde siempre está en su estudio del piso de arriba —contestó Tom, al que no gustaba actuar a escondidas, pero no desdeñaba emplear una pequeña estratagema por una causa justa. De manera que, con una mezcla de triunfo y temor a encontrarse con el señor o la señora Stelling, se llevó el sable a su habitación donde, tras algunas dudas, lo escondió en el armario, detrás de la ropa colgada. Aquella noche se durmió pensando en que sorprenderÃa a Maggie cuando fuera de visita: se lo atarÃa a la cintura con la bufanda roja y la convencerÃa de que era suyo e iba a ser soldado. Sólo Maggie era lo bastante tonta como para creérselo, y sólo se atrevÃa a contárselo a ella. Y Maggie, efectivamente, irÃa a verlo la semana siguiente, antes de que la enviaran a un internado con su prima Lucy.