El molino de Floss
El molino de Floss La brecha entre los dos chicos tardó en cerrarse y durante un tiempo no se hablaron más de lo necesario. La antipatÃa natural de sus temperamentos facilitaba el paso del resentimiento al odio y en Philip parecÃa haber empezado la transición: no era de carácter perverso, pero su susceptibilidad lo hacÃa propenso a sentir repulsiones intensas. PodrÃamos aventurarnos a afirmar, basándonos en la autoridad de un gran clásico, que el buey no acostumbra a utilizar los dientes como instrumentos de ataque; y Tom era un muchacho perfectamente bovino que atacaba con ingenuidad bovina; pero habÃa herido a Philip en su punto más débil y le habÃa causado un daño tan agudo como si hubiera estudiado el medio con la mayor precisión y la maldad más venenosa. Tom no veÃa motivo para que no superaran esa pelea como tantas otras, comportándose como si no hubiera sucedido nada; porque, aunque nunca le habÃa dicho que su padre fuera un granuja, esa idea habÃa estado tan presente en la relación con su turbio compañero de estudios —el cual no le gustaba ni disgustaba— que su expresión en palabras no marcaba ningún hito para él. Y, además, tenÃa derecho a decirlo, ya que Philip lo habÃa ofendido e insultado. No obstante, al ver que sus avances hacia la concordia no obtenÃan respuesta, adoptó de nuevo una actitud menos favorable hacia Philip y decidió no volverle a pedir ayuda para dibujar o realizar los ejercicios. Se comportaban con la corrección necesaria para que el señor Stelling, que habrÃa aplastado enérgicamente esas tonterÃas, no advirtiera su enemistad.