El molino de Floss
El molino de Floss Quizá, en aquella ocasión, le pareció necesario recuperar su posición ante él porque, mientras se deslizaba sobre el montón de grano junto al que él trabajaba, le gritó con el tono agudo imprescindible en la vida social del molino.
—Imagino que el único libro que has leído es la Biblia, ¿no, Luke?
—Ajá, señorita. Y no gran cosa —contestó Luke con franqueza—. No soy de mucho leer.
—¿Y si te presto uno de mis libros, Luke? No tengo libros muy bonitos que puedan ser fáciles, pero tengo el Viaje por Europa de Pug[2] que t’explicará cómo son los distintos tipos de personas que hay en el mundo, y si no entiendes lo que pone, las imágenes t’ayudarán, porque enseñan el aspecto y las costumbres de la gente y lo que hacen. Por ejemplo, salen los holandeses, que son gordos y fuman, y uno está sentado en un barril.
—¡Ca!, ¡señorita! No me gustan los holandeses. No gano nada sabiendo cosas suyas.
—Pero son nuestros semejantes, Luke: debemos saber cosas de nuestros semejantes.