El molino de Floss
El molino de Floss —En absoluto —contestó Maggie riendo—. Las musas eran diosas que vivÃan muy incómodas, siempre cargando con instrumentos musicales o rollos de pergaminos. Si llevara un arpa en este clima, deberÃa taparla con un tapete verde y seguro que me la olvidaba por todas partes.
—Asà pues, ¿coincides conmigo y no te gusta el personaje de Corinne?
—No he terminado el libro —contestó Maggie—. En cuanto llegué a la parte de la joven dama rubia que leÃa en el parque, lo cerré y decidà no seguir leyendo. Preveo que la joven de tez clara arrebatará a Corinne todos sus amores y hará que sea desgraciada. He decidido no leer más libros en los que las rubias arramblen con toda la felicidad. Empiezo a tenerles manÃa. Si me das una historia en que la morena triunfe, la situación se equilibrará un poco. Quiero vengar a Rebecca, a Flora Mac-Ivor y a Minna[29], y a todas las demás morenas desgraciadas. Puesto que eres mi tutor, deberÃas evitar que me formara esos prejuicios contra los que tú tanto clamas.
—Bien, quizá vengues a las morenas tú misma: quÃtale todo el amor a tu prima Lucy. Seguro que tiene a sus pies a algún apuesto joven de Saint Ogg’s. Sólo debes mostrarte radiante y tu rubia prima quedará sofocada por tus rayos.