El molino de Floss

El molino de Floss

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Así terminaron las penas aquel día, y a la mañana siguiente Maggie trotaba con su caña de pescar en una mano y un asa del cesto en la otra, poniendo siempre los pies, gracias a un don especial, en los lugares con más barro, oscura y radiante bajo el gorrito de castor, porque Tom era bueno con ella. No obstante, había pedido a Tom que de pusiera él el cebo, aunque aceptó su palabra cuando de aseguró que los gusanos no sentían nada (aunque Tom pensaba que, si algo sentían, a él de daba lo mismo). Tom lo sabía todo sobre los gusanos, los peces y cosas de esas; qué pájaros eran nocivos, cómo se abrían los candados o en qué sentido había que levantar los cierres de las puertas de las verjas. Maggie creía que estos conocimientos eran maravillosos y que era mucho más difícil recordarlos que lo leído en los libros; reverenciaba la superioridad de Tom porque era la única persona que llamaba «cuento» a sus conocimientos y no parecía sorprenderse de lo lista que era. En realidad, Tom opinaba que Maggie era tonta, como todas las niñas: eran incapaces de dar en un blanco de una pedrada, de sacar partido a una navaja y se asustaban con las ranas. Con todo, sentía mucho cariño por su hermana, pensaba cuidar siempre de ella, convertirla en su ama de llaves y castigarla cuando se portara mal.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker