El molino de Floss
El molino de Floss —Ya sabes lo que pienso sobre todo esto, Maggie —dijo lenta y enfáticamente—. No es necesario que te repita lo que te dije hace un año. Mientras nuestro padre estaba vivo, me sentà obligado a utilizar sobre ti todo mi poder para impedir que lo deshonraras a él, a ti misma y a todos nosotros. Pero ahora debo dejar que decidas tú. Después de la muerte de nuestro padre dijiste que querÃas ser independiente. No he cambiado de opinión. Si piensas volver a tratar a Philip Wakem como enamorado, deberás olvidarme.
—No es ése mi deseo, querido Tom, por lo menos tal como están ahora las cosas. Creo que no nos traerÃa más que disgustos. Pero no tardaré en marcharme a otro trabajo y me gustarÃa volver a ser su amiga mientras estoy aquÃ. Lucy asà lo desea.
La severidad del rostro de Tom se relajó un poco.
—No me importa que lo veas de vez en cuando en casa de nuestro tÃo y no quiero que conviertas esta cuestión en un problema. Pero no confÃo en ti, Maggie. Es fácil que te arrastren a hacer cualquier cosa.
Los labios de Maggie temblaron al oÃr aquellas palabras crueles.
—¿Por qué dices eso, Tom? Eres muy duro conmigo. ¿Acaso no he hecho y he soportado de todo tan bien como he podido? Y he cumplido la palabra que te di… No he llevado una vida más feliz que la tuya.