El molino de Floss
El molino de Floss Tom permanecía de pie, de espaldas a la chimenea, y Maggie estaba sentada frente a la luz. Tom advirtió que Maggie temblaba y presintió el asunto que deseaba tratar. Esta intuición le volvió la voz más dura y fría.
—¿De qué se trata?
El tono provocó la resistencia de Maggie y ésta planteó la petición de un modo muy distinto al que había previsto. Se puso de pie y miró a Tom de frente.
—Quiero que me liberes de la promesa sobre Philip Wakem. O, mejor dicho, te prometí que no lo vería sin decírtelo: vengo a comunicarte que deseo verlo.
—Muy bien —contestó Tom con mayor frialdad todavía.
Pero Maggie apenas había acabado de hablar de aquella manera fría y desafiante cuando se había arrepentido ya y empezaba a alarmarle el temor de distanciarse de nuevo de su hermano.
—No es por mí, querido Tom. No te enfades. No te lo habría pedido, pero Philip es amigo de Lucy y ella quiere que vaya a su casa: lo ha invitado a ir esta misma tarde, y le dije que no podía verlo sin decírtelo. Sólo lo veré en presencia de otras personas y entre nosotros no volverá a haber nada secreto.
Tom apartó la vista de Maggie y frunció el ceño un poco más durante un rato. Después se volvió hacia ella.