El molino de Floss
El molino de Floss La vida cambió mucho para Tom y Maggie y, sin embargo, no se equivocaban entonces al creer que los pensamientos y amores de aquellos primeros años formarían siempre parte de su vida. No podríamos amar tanto la tierra si no hubiéramos vivido en ella nuestra infancia, si no fuera la misma tierra donde cada primavera crecían las mismas flores que recogíamos con nuestros dedos diminutos, sentados en la hierba, balbuceando… Los mismos escaramujos y espinos en los setos en otoño… Los mismos petirrojos que llamábamos «pájaros de Dio» porque no dañaban las preciosas cosechas. ¿Qué novedad puede compararse a esta dulce monotonía en la que todo se conoce y se ama, precisamente porque se conoce?