El molino de Floss
El molino de Floss Maggie no era consciente de tomar una decisión cuando se alejó de aquel rostro sombrío que miraba hacia otro lugar y salió de la habitación: era como un movimiento mecánico en respuesta a una intención ya olvidada. ¿Qué sucedió después? La sensación de bajar las escaleras como en un sueño… unas losas… el coche y los caballos que esperaban… después una calle, el giro hacia otra calle, donde aguardaba una diligencia recogiendo pasajeros… y la idea repentina de que aquel carruaje se la llevaría, tal vez hacia casa. Pero no podía preguntar nada todavía: se limitó a subir al coche.
Su casa… donde estaban su madre y su hermano… Philip… Lucy… el escenario de sus cuitas y preocupaciones… era el refugio hacia el cual tendía su pensamiento… el santuario donde se guardaban las reliquias sagradas… donde impedirían que volviera a caer. Pensar en Stephen era como un terrible pulso doloroso que, sin embargo, como sucede con estos dolores, parecía estimular el pensamiento. Pero apenas tenía presente lo que otros pudieran decir o pensar de su conducta. El amor, la profunda pena y el angustiado remordimiento no dejaban lugar para ello.