El molino de Floss
El molino de Floss —Muy bien, Alice. Salgo dentro de un minuto —contestó Lucy levantándose—. Maggie: me voy el viernes —añadió en cuanto Alice cerró la puerta otra vez—. Cuando vuelva y me encuentre otra vez fuerte, me dejarán hacer lo que quiera. Entonces podré venir a verte siempre que lo desee.
—Lucy —contestó Maggie con otro gran esfuerzo—, rezo a Dios continuamente para no volver a causarte ninguna pena.
Apretó la manita que tenÃa entre las suyas y miró el rostro inclinado sobre el suyo. Lucy nunca olvidó aquella mirada.
—Maggie —dijo Lucy en una voz baja que poseÃa toda la solemnidad de una confesión—, eres mejor que yo. Yo no puedo…
Se interrumpió y no dijo hada más, pero se unieron otra vez en un último abrazo.