El molino de Floss
El molino de Floss Una noche de la segunda semana de septiembre, Maggie se encontraba de nuevo sentada en su solitaria habitación, combatiendo contra los viejos enemigos fantasmales que resucitaban una y otra vez. Era más de medianoche y la lluvia golpeaba con furia contra la ventana, empujada por el viento irregular que gemÃa con estruendo. Al dÃa siguiente de la visita de Lucy se produjo un repentino cambio en el tiempo: el calor y la sequÃa habÃan dado paso a vientos frÃos y variables, asà como a intensos chaparrones, de modo que le prohibieron que emprendiera el viaje previsto hasta que el tiempo mejorara. En los condados situados curso arriba del Floss, las lluvias habÃan sido continuas y se habÃa interrumpido la recolección de la cosecha. En aquel momento hacÃa ya dos dÃas que no cesaba de llover en aquel tramo bajo del rÃo, de modo que los más ancianos movÃan la cabeza y hablaban de lo sucedido sesenta años atrás, cuando unas lluvias similares, hacia el equinoccio, trajeron las grandes inundaciones que se llevaron el puente y arrasaron la población. Con todo, la generación más joven, que habÃa visto ya varias inundaciones pequeñas, no tomaba muy en serio esos recuerdos y augurios sombrÃos, y Bob Jakin, naturalmente propenso a confiar en su buena suerte, se reÃa de su madre cuando ésta se lamentaba de que hubieran tomado una casa junto a la orilla de rÃo, diciéndole que, si no fuera por eso, no tendrÃan botes, que en caso de inundación serÃan la posesión más preciada para poder ir a buscar comida.