Middlemarch
Middlemarch —Nadie en absoluto. Tengo proyectos estupendos. Me gustarÃa adquirir una gran extensión de tierra, drenarla y hacer una pequeña colonia, donde todo el mundo trabajase y donde todo el trabajo se hiciera bien. Yo conocerÃa a todas las personas y serÃa amiga suya. Voy a celebrar largas conferencias con el señor Garth: él me puede decir casi todo lo que quiero saber.
—Entonces, si tienes un proyecto serás feliz, Dodo —dijo Celia—. Quizá al pequeño Arthur le gusten los proyectos cuando crezca, y pueda ayudarte.
Sir James fue informado aquella misma noche de que Dorothea estaba decidida de verdad a no casarse con nadie, e iba a patrocinar «proyectos de todo tipo», exactamente como solÃa hacer en otros tiempos. De acuerdo con sus convicciones más Ãntimas, el baronet consideraba que habÃa algo repulsivo en el segundo matrimonio de una mujer, y ningún posible enlace de su cuñada le impedirÃa verlo como una especie de profanación de Dorothea. Se daba cuenta de que el mundo juzgarÃa absurdo aquel sentimiento, sobre todo tratándose de una mujer de veintiún años, ya que los usos «del mundo» eran dar por seguro el segundo matrimonio de una viuda joven y como probable su próxima celebración y sonreÃr significativamente si la viuda obraba de acuerdo con tales predicciones. Pero en el caso de que Dorothea decidiera casarse con la soledad, sir James estaba convencido de que serÃa la decisión más indicada.