Middlemarch
Middlemarch No se sintió muy a gusto cuando la encontró en el salón, con aspecto muy alegre, en compañía de las tres señoras. Hablaban animadamente de algún tema que abandonaron al entrar él; Mary, además, estaba copiando los rótulos de un montón de cajones muy poco profundos con una letra diminuta que era una de sus habilidades. El señor Farebrother se hallaba en el pueblo, y las tres señoras no sabían nada de la relación entre los dos jóvenes: era imposible que cualquiera de ellas propusiera que salieran solos a pasear por el jardín, y Fred hizo para sus adentros la predicción de que tendría que marcharse sin poder hablar en privado con Mary. Procedió a contarle la llegada de Christy, y después le habló de su empleo a las órdenes de su padre; y se sintió reconfortado al ver que aquella última noticia afectaba vivamente a Mary.
—Me alegro muchísimo —dijo muy deprisa, y se inclinó de nuevo sobre los rótulos para evitar que nadie pudiera verle la cara. La señora Farebrother, sin embargo, no podía dejar pasar aquellas palabras sin un comentario.
—No querrá usted decir, mi querida señorita Garth, que se alegra de que un joven renuncie a la Iglesia para la que ha sido educado; interpreto que, estando las cosas así, solo se alegra de que trabaje con una persona tan excelente como su padre.