Middlemarch
Middlemarch —Si he de ser sincera, no, señora Farebrother: creo que me alegro de las dos cosas —dijo Mary, librándose con habilidad de una lágrima rebelde—. Tengo una mentalidad muy secular. Nunca me ha gustado ningún clérigo con la excepción del vicario de Wakefield[126] y del señor Farebrother.
—¿Y eso por quĂ©, querida? —dijo la señora Farebrother, inmovilizando las grandes agujas de madera con que hacĂa punto y mirando a Mary—. Usted siempre tiene alguna buena razĂłn para sus opiniones, pero esta me asombra. Por supuesto, no me refiero a quienes predican nuevas doctrinas. Pero Âżpor quĂ© le desagradan los clĂ©rigos?
—Dios bendito —dijo Mary, con una expresiĂłn divertida en el rostro mientras parecĂa meditar durante unos momentos—. No me gustan los cuellos que llevan.
—Entonces tampoco le gustan los de Camden —dijo la señorita Winifred, con cierta preocupación.
—Sà que me gustan —dijo Mary—. No me gustan los de otros clérigos porque son ellos quienes los llevan.
—¡Qué cosa tan misteriosa! —dijo la señorita Noble, considerando que se trataba probablemente de su propia incapacidad mental.
—Bromea usted, querida. Debe de tener razones mejores para menospreciar a un estamento tan respetable —dijo la señora Farebrother majestuosamente.