Middlemarch
Middlemarch No hubo tiempo para añadir nada antes de que el señor Farebrother volviera con el grabado; y Fred regresó al salón todavía con un celoso temor en el corazón pero también con los consoladores argumentos que se deducían de las palabras y del comportamiento de Mary. En conjunto fue ella quien sufrió más como resultado de aquella conversación: inevitablemente veía ya las cosas de otra manera, y captó la posibilidad de nuevas interpretaciones. Se hallaba en una situación en la que parecía menospreciar al señor Farebrother, y aquello, en relación con un hombre muy respetado, es siempre peligroso para la firmeza de una mujer agradecida. Tener un motivo para volver a casa al día siguiente fue un alivio, porque Mary deseaba con gran ahínco que siempre quedara claro su amor por Fred. Cuando un tierno afecto se ha ido almacenando en nosotros a lo largo de gran parte de nuestra existencia, la idea de que podamos aceptar otra cosa en su lugar parece quitar valor a nuestra vida. Y podemos poner centinelas que vigilen nuestros afectos y nuestra constancia como podemos hacerlo con otros tesoros.