Middlemarch
Middlemarch —Fred —dijo, mirándolo a hurtadillas y tratando de captar su atención, porque se habÃa vuelto de espaldas con evidente mal humor—, eres deliciosamente ridÃculo. Si no fueras un bobo tan encantador, ¡qué tentación, la de representar a una perversa coqueta y hacerte creer que alguien me ha hecho la corte!
—¿Es cierto que me prefieres, Mary? —dijo Fred, volviendo hacia ella unos ojos llenos de afecto e intentando cogerle una mano.
—En este momento no me gustas en absoluto —dijo Mary, retrocediendo y escondiendo las manos detrás de la espalda—. Solo he dicho que ningún mortal me ha hecho jamás la corte a excepción de ti. Y eso no demuestra que una persona muy sabia no vaya a hacerlo nunca —terminó ella alegremente.
—Quisiera que me dijeras que nunca pensarás en él —suplicó Fred.
—No vuelvas a hablarme de eso —dijo Mary, poniéndose seria otra vez—. No sé si es una manifestación de estupidez o de ingratitud que no te hayas dado cuenta de que el señor Farebrother nos ha dejado solos a propósito para que podamos hablar con toda libertad. Me decepciona que estés tan ciego y no adviertas la delicadeza de sus sentimientos.