Middlemarch
Middlemarch —¿No podrÃa prepararme ahora para ser más útil? —le dijo Dorothea una mañana, muy al principio de su noviazgo—; ¿no podrÃa aprender a leerte en latÃn y en griego, como hicieron con su padre las hijas de Milton, aun sin entender lo que leÃan?
—Temo que te resultara muy pesado —dijo el señor Casaubon sonriendo—; y, de hecho, si no recuerdo mal, las jóvenes que acabas de mencionar consideraron ese ejercicio, por tratarse de lenguas que desconocÃan, motivo para rebelarse contra el poeta.
—SÃ; pero sin duda tenÃan muy mal corazón, porque de lo contrario se hubieran sentido orgullosas de servir a semejante padre; y además podrÃan haber estudiado por su cuenta y aprendido a entender lo que leÃan, y entonces les hubiese resultado interesante. ConfÃo en que no me consideres estúpida ni creas que tengo mal corazón.
—Espero que seas todo lo que una joven exquisita puede ser en cualquier cosa que se relacione con la vida humana. Sin duda serÃa de gran utilidad que pudieras copiar los caracteres griegos, y para ello estarÃa bien empezar con un poco de lectura.