Middlemarch
Middlemarch —Me alegra mucho oÃrlo —dijo el vicario, dejándose caer hacia atrás en la silla y hablando con la rapidez y el grave tono de voz que con frecuencia sigue a la desaparición de un peso que nos agobia—. Sus palabras me gustan más que todas las noticias del Times. Confieso que venÃa a verlo muy abatido.
—Le agradezco de verdad su interés —dijo Lydgate, cordialmente—. Aprecio más su amabilidad porque estoy muy contento. Es cierto que me he sentido aplastado. Me temo que a la larga descubriré que me siguen doliendo los cardenales —añadió, sonriendo tristemente—; pero ahora mi única sensación es la de haber salido del potro del tormento.
El señor Farebrother guardó silencio un instante y luego dijo con gran interés:
—Mi querido amigo, permÃtame hacerle una pregunta. Perdóneme si me tomo esa libertad.
—No creo que usted me pregunte nada que pueda ofenderme.
—En ese caso… lo considero necesario para sentirme del todo tranquilo… ¿no ha incurrido usted, para pagar sus deudas, en otra aún mayor que le produzca peores quebraderos de cabeza en el futuro?