Middlemarch
Middlemarch —Lo he sabido por un antiguo compinche suyo. Les diré dónde lo encontré por vez primera —respondió Bambridge, con un repentino gesto del dedo Ãndice—. Estaba en la subasta de Larcher, pero entonces no sabÃa nada de él… se me fue de entre los dedos… andaba buscando a Bulstrode, no hay duda. Me ha dicho que le puede sacar todo el dinero que quiera, que conoce todos sus secretos. De todos modos en Bilkley se fue de la lengua conmigo: bebe como una esponja. Estoy seguro de que no era su intención hacer de testigo de cargo, pero es uno de esos tipos a los que les gusta fanfarronear hasta que las fanfarronadas pueden más que ellos y acaban presumiendo de que un esparaván aumenta el valor de un caballo. Un hombre deberÃa saber cuándo tiene que tirar de las riendas. —El señor Bambridge hizo aquella observación con una expresión de repugnancia, convencido de que sus propias fanfarronadas ponÃan de manifiesto un excelente sentido de lo vendible.
—¿Cómo se llama ese individuo? ¿Dónde se le puede encontrar? —dijo el señor Hawley.
—En cuanto adónde se le pueda encontrar, lo dejé bien ocupado en La Cabeza del Sarraceno; pero se apellida Raffles.
—¡Raffles! —exclamó el señor Hopkins—. Ayer mismo vendà las telas para su funeral. Se le enterró en Lowick. El señor Bulstrode lo acompañó al cementerio. Un funeral muy respetable.